Las vacaciones tienen algo que durante el resto del año parece un lujo: las pausas. De pronto desayunamos sin correr con la taza del café en la mano. Terminamos una conversación sin mirar el reloj. Leemos unas páginas de un libro sin sentir la necesidad de revisar el teléfono cada cinco minutos. Descubrimos que el silencio no es tiempo perdido. Es el espacio donde las ideas, las emociones y las palabras alcanzan a acomodarse. En comunicación ocurre exactamente lo mismo. Cada …
