Recuerdo la primera vez que leí Casa Tomada, de Julio Cortázar, aquello me pareció una genialidad absoluta. Yo venía de haber leído los cuentos de Edgar Allan Poe y ese texto me pareció igual de estremecedor que el Gato Negro. Me parecía aterradora la idea de que te invadan la casa, te despojen de todo y no hagas nada, más que ir cerrando cuartos, hasta tener que abandonarla. Aunque, debo decirlo, me parecía un tanto inconcebible. Años después me tocaría …
