...

Información para decidir con libertad

Justicia tomada

Recuerdo la primera vez que leí Casa Tomada, de Julio Cortázar, aquello me pareció una genialidad absoluta. Yo venía de haber leído los cuentos de Edgar Allan Poe y ese texto me pareció igual de estremecedor que el Gato Negro. Me parecía aterradora la idea de que te invadan la casa, te despojen de todo y no hagas nada, más que ir cerrando cuartos, hasta tener que abandonarla. Aunque, debo decirlo, me parecía un tanto inconcebible. Años después me tocaría ver la reforma judicial mexicana, en 2024, y darme cuenta de que la gente que estaba inconforme actuaría como los dueños de la casa de ese relato. No cabe duda de que la realidad siempre supera a la ficción.

Algunas personas han acudido a diversos conceptos para describir lo que ha pasado en México en los últimos años; se ha usado la idea de erosión democrática, retroceso democrático o constitucionalismo abusivo, entre otras. Sin embargo, considero necesario formular un nuevo concepto: justicia tomada.

Desde mi perspectiva, la justicia tomada alude a un país en el que se da un proceso de ocupación del Poder Judicial por parte del poder político a través de la captura de los mecanismos constitucionales. Por tanto, se despoja al pueblo de una institución más o menos eficiente, para sustituirla por un Poder Judicial afín a los intereses del poder. A pesar de esto, la mayoría de la población decide no intervenir en la reconfiguración de los contrapesos institucionales.

“Tendremos que vivir de este lado” expresan los personajes del cuento de Cortázar ante la toma de parte de su casa; en ellos se advierte una resignación sin conciencia. Los dueños no intentan cuestionarse quiénes son los que han invadido, únicamente se resignan a vivir bajo unas nuevas reglas en un espacio cada vez más reducido de libertad. Hay molestia en ellos, sí, pero está contenida; no hay un intento por articular una reocupación o siquiera una protesta. Si hablamos de la reforma judicial mexicana, distintos foros de abogacía han expresado su malestar sobre dicho cambio, pero no ha ido a más. El paralelismo con la resignación se hace patente.

En determinado momento del relato, los dueños comienzan a ver la invasión de la casa como algo positivo, hasta llegar al extremo de sentirse aliviados: “poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar” afirman los personajes. Ante la reducción de su libertad, hay una normalización de la invasión del espacio que les pertenece y, además, un intento por ver el lado benévolo de aquello, que los lleva, incluso, al extremo de renunciar a pensar.  

Lo anterior puede trasladarse al contexto mexicano en el momento en el que la gente decidió hacer caso a los acordeones para elegir a titulares del Poder Judicial de la Federación. Desde luego, si es el caso que el amable lector eligió a las personas juzgadoras de manera libre y, al final, resultó que coincidió su voluntad con la plasmada en los acordeones, le ruego que omita este comentario. Basta recordar que todas las ministras y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que la integran en la actualidad, figuraban en dichas “guías de votación”. En el momento en que se transforma la ocupación del espacio en la ocupación de la decisión democrática, se renuncia a la capacidad de elegir por cuenta propia y se instrumentaliza a la persona que vota. La democracia, de esa forma, se pervierte.

Finalmente, en el cuento de Cortázar, los invasores toman toda la casa y a los dueños no les queda más remedio que emprender la huida, cerrar la puerta y deshacerse de la llave para que nadie más pueda entrar. De manera sorpresiva, no hay un acto de denuncia ni intento por recuperar su espacio, sino de resignación. No sé si ya llegamos a ese extremo en el caso de la justicia mexicana; espero que no sea así.

Grupos organizados, como el Observatorio Judicial, están tratando de visibilizar lo que está ocurriendo con la justicia en México, en un ánimo de generar conciencia en la población. Pero mientras aquello ocurra, lamentamos decir que vivimos en un país de justicia tomada. En una entrevista le preguntaron a Cortázar cómo se le había ocurrido el relato de Casa Tomada, y él dijo: “es el resultado de una pesadilla”. Esperemos que en México pronto podamos despertar.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp