Esta era la pausa de autoridad que solía usar Javier Coello Trejo. Un martillazo para imponer la potestad de su experiencia o para retomar la discusión en lo jurídico. Era también su peculiar forma de interpelar al valor, al coraje, a la valentía. A despertar la disposición de su defendido o de su interlocutor a resistir y pelear. En algunos momentos, era su manera bronca de consolar a quien, de pronto, se siente desprotegido ante la angustia de la incertidumbre. …
