Una especie de proeza retrospectiva -como se expresó aquí la semana pasada- fue la de la selección mexicana de 1962 en Chile. Su artífice, o mago, Nacho Trelles; el secreto, un equipo comprometido, muy bien comprometido, que sólo perdió con quien a la postre resultara campeón (Brasil), y ganándole al subcampeón del orbe (Checoslovaquia). Ahora, en 2026 y hasta el minuto 36 del partido contra Inglaterra, parecía que podía repetirse algo como lo de aquel año, al enfrentar, en su …
