Séneca advertía que nadie puede llevar una máscara durante mucho tiempo, ya que lo fingido termina siempre por volver a su estado natural. En política, esa máscara suele ser el discurso: cuidadosamente construido, probablemente repetido hasta el cansancio y alineado a la narrativa en turno. El cuerpo, en cambio, no siempre coopera con la ficción. La comunicación no verbal —es decir, todo lo que acompaña al discurso sin palabras— abarca los gestos, las posturas, el tono de voz, las miradas, …
