Hay ideas que, en el papel, se defienden solas: una sociedad de iguales, con educación, salud y vivienda garantizadas; un modelo donde la riqueza no se concentra en unos cuantos. Suena razonable. El problema es el cómo. Pues hay atajos que no son tales, sino trampas. Suspender la libertad para “garantizar” la igualdad —además de ser un falso dilema— no construye un pacto social sino que instala un sistema de permisos. Cuando un modelo político o económico pide cambiar libertad …
