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"Imagínense"

La semana pasada, la presidenta de la República, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, dijo a propósito de su conflicto con la CNTE, que un servidor “andaba muy activo afirmando que la reforma educativa de 2012 a 2018 resolvía todos los problemas”. Concluyó con un irónico “imagínense”. Su comentario ofrece una buena oportunidad para hacer un balance. Como ocurre en la ciencia y en la universidad, es importante que las políticas y las decisiones de los gobiernos se evalúen con datos y evidencia. Analicemos cuatro ámbitos estratégicos: coberturas, escuelas, profesionalización de los docentes y aprendizajes de los alumnos, y planes, programas y libros de texto.

En cobertura educativa continuamos una política de Estado iniciada desde la creación de la SEP: ampliar las oportunidades para estudiar. Durante la reforma crecieron las coberturas en preescolar de 70% a 74%; en primaria de 96% a 99%; secundaria de 90% a 97% y en media superior de 66% a 85%. Con los gobiernos de Morena la tendencia se revirtió: preescolar bajó a 64%; primaria a 96%; secundaria a 93% y media superior a 75%. Una investigación de Fernanda Márquez-Padilla, Susan W. Parker y Tom S. Vogl, publicada por el National Bureau of Economic Research en 2025, atribuye parte importante de esa caída a la desaparición de PROSPERA y muestra que las nuevas becas de Morena no compensaron ese efecto.
Algo similar ocurrió con las Escuelas de Tiempo Completo. En 2012 existían cinco mil; al concluir la reforma eran 25 mil 500 y atendían a 3.7 millones de alumnos en las zonas más pobres. Evaluaciones de UNICEF, el Banco Mundial y el IMCO mostraron mejores aprendizajes, mejor nutrición y mayores oportunidades laborales para las madres. Era una política que debía crecer; en cambio, fue cancelada.

El corazón de la educación son las maestras y los maestros. Sin embargo, durante décadas se subordinó su carrera profesional al control clientelar de los dirigentes sindicales. El Servicio Profesional Docente separó por primera vez el ingreso y las promociones de ese control mediante concursos públicos y transparentes. Un estudio de Juan Bedoya, Rafael de Hoyos y Ricardo Estrada, publicado en Economics of Education Review en 2026, muestra que ese mecanismo permitió incorporar docentes con mejor preparación académica y elevar significativamente los aprendizajes en matemáticas y, en menor medida, en lenguaje. Además de fortalecer la calidad educativa, la reforma desmontó una estructura de dominación que condicionaba la carrera magisterial a intereses políticos. En 2019 ese sistema fue eliminado por Morena y el control de la carrera docente regresó a los liderazgos sindicales, hoy nuevamente integrados a la coalición gobernante.

La reforma también impulsó un nuevo modelo educativo, construido mediante una amplia consulta con especialistas, docentes y familias, coordinada por el CIDE. Se fortalecieron la alfabetización, las matemáticas, las ciencias y las habilidades socioemocionales, y los nuevos libros contaron con la participación de las principales expertos del país. Diversos especialistas consideraron que respondían mejor a los desafíos del siglo XXI. Ese modelo fue sustituido y numerosos investigadores han documentado deficiencias importantes en los nuevos materiales.

La evidencia disponible muestra que si bien la reforma no resolvía todos los problemas, sí trazaba una ruta consistente para mejorar la calidad y reducir la desigualdad entre la educación pública y la privada. Hoy, frente a los retrocesos, convendría revisar esos resultados sin prejuicios ni fobias políticas. Recuperar lo que funcionó, corregir lo que no y construir nuevos acuerdos exige una sola condición: poner el interés de las niñas, los niños y los jóvenes por encima de cualquier alianza política. Estoy convencido de que, si lo hacemos, podremos volver a encontrarnos y trabajar juntos por la educación de México.

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