En editoriales, columnas de prensa, discursos y desplegados se invoca el "Estado de derecho" como fórmula mágica para conjurar males presentes y futuros. El gobierno asegura que sus reformas lo fortalecen y la oposición denuncia que lo deterioran; los empresarios lo exigen para invertir y los organismos internacionales lo miden con sus índices. Es una idea que sirve a todos y que, por eso mismo, corre el riesgo de vaciarse de contenido. Conviene recuperar su sentido. El Estado de derecho …
