Las extravagancias en este país han llegado a niveles inauditos. En 1976, el presidente Luis Echeverría indultó a Gregorio Cárdenas Hernández, un asesino serial que al menos mató a cuatro mujeres. El Goyo Cárdenas, ya en libertad, acudió a la Cámara de Diputados y fue ovacionado. Era, decían las crónicas oficialistas, el mejor ejemplo de que la readaptación social funcionaba porque había tenido una conducta intachable en Lecumberri y el Reclusorio Oriente, además, estudió la carrera de derecho. Nadie se …
