Los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI —el ejercicio muestral más grande (con una muestra de 7.3 millones de viviendas) y más costoso (5,800 millones de pesos) que el instituto haya realizado en su historia— reportaron una tasa global de fecundidad (TGF) nacional de 1.2 hijos por mujer. Este dato sitúa de manera intempestiva a México en el grupo de países con menor fecundidad del planeta, junto con Japón, Uruguay, Italia, España o China. La verdadera sorpresa no radica en la dirección del cambio, pues la TGF mexicana venía disminuyendo de forma sistemática desde hace muchos años, sino en la extraordinaria velocidad del descenso registrado.
El valor alcanzado representa 0.70 hijos menos por mujer en tan solo cinco años. Históricamente, caídas de esta envergadura suelen corresponder a situaciones extraordinarias o catastróficas, tales como crisis socioeconómicas agudas o conflictos armados. De hecho, entre los países que ya se encontraban por debajo del nivel de reemplazo generacional (TGF=2.1) no se tiene precedente de una contracción similar. Países como Ucrania han experimentado caídas severas en años recientes debido a la guerra, pero no llegan al 0.70, y ni siquiera Corea del Sur bajó tanto su TGF en su primer lustro de colapso demográfico. Conviene mencionar también que la pandemia de COVID-19, al no ser exclusiva de México, difícilmente constituye una explicación completa del caso mexicano.
El fenómeno resulta igualmente sorprendente al contrastarlo con la propia trayectoria histórica reportada por el INEGI. Entre 1990 y 2020 el promedio de las disminuciones quinquenales en la TGF fue de 0.26 hijos, mientras que la caída entre 2020 y 2025 alcanzó los 0.70 hijos, lo que significa una aceleración del ritmo de descenso de casi 3 veces. Un quiebre así de notable demanda de una explicación oficial proporcionalmente contundente.
Asimismo, el promedio nacional implica caídas territoriales drásticas para un solo quinquenio, como la reducción de 1.1 hijos por mujer en la Ciudad de México (alcanzando un mínimo de 0.8) o de 0.9 en Baja California (llegando a 1.0). Si definimos el factor de aceleración como el cociente entre el cambio registrado entre 2020 y 2025 y el promedio de las variaciones quinquenales desde 1990 hasta 2020, observamos que para la CDMX este factor es de 12, para Baja California de 5 y para Nuevo León de 4. En total, 24 entidades federativas presentaron un factor de aceleración de 2 o mayor. ¿Cómo es esto posible?
Al examinar las tasas específicas de fecundidad (expresadas en nacimientos anuales por cada 1,000 mujeres), los datos de 2020 a 2025 muestran una aceleración impresionante en su ritmo de caída en comparación con los seis quinquenios anteriores, afectando de manera directa y severa a los grupos de edad de 15 a 19, 20 a 24, 25 a 29 y 30 a 34 años.
Un ajuste tan marcado coloca a México en una situación que se ubica entre la anomalía y la singularidad no explicada en la estadística mundial de la dinámica demográfica. Entre las hipótesis interpretativas cabe considerar la posibilidad de un "efecto tempo", fenómeno demográfico en el cual cohortes de mujeres jóvenes posponen temporalmente el nacimiento de sus hijos ante coyunturas adversas, provocando una caída artificial en la TGF del periodo sin que necesariamente se reduzca su descendencia final completada.
Ante este escenario, se hace indispensable que el INEGI haga una invitación abierta al análisis profundo y colectivo de estos resultados, a fin de distinguir con precisión entre los posibles sesgos o efectos de la medición estadística de la Encuesta Intercensal 2025 y las tendencias estructurales de largo plazo que operan en el trasfondo demográfico del país.
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