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¿Ya comenzó la reactivación económica?

El crecimiento económico de los últimos siete años ha sido tan pobre, que lo que antes era mala noticia, ahora luce esperanzador. La semana pasada aparecieron al menos dos notas de analistas tan reconocidos como Gerardo Esquivel y Enrique Quintana, que destacaban la manera en que el buen comportamiento de varios indicadores referidos a los primeros siete meses del año haría pensar que el crecimiento esperado del PIB para 2026 sería mayor que lo que hasta ahora pronosticaba el consenso, ubicado en el entorno de 1.4%.

Los argumentos se sustentan en la reactivación observada en variables como el IGAE (con buen pronóstico del IOAE), las actividades de comercio y servicios, la Actividad Industrial, la inversión (y en especial la construcción) y las exportaciones tecnológicas hacia Estados Unidos. Los datos que reportan son reales y sin duda son buenas noticias, si bien no se han visto reflejados todavía en una aceleración del consumo (que sigue en movimiento fundamentalmente lateral) y de la ocupación total, donde la caída del trabajo informal más que compensa las magras ganancias en el empleo formal.

A partir de estas cifras cabría esperar algunos ajustes en los pronósticos de crecimiento del PIB para el cierre del año.  Sin embargo, el entusiasmo con estas oscilaciones positivas de corto plazo no necesariamente implica que México haya por fin roto el maleficio y encontrado la fórmula para escapar de la trampa de bajo crecimiento en la que ha estado estacionado por décadas. 

En este sentido conviene preguntarse se hay razones de fondo para pensar que los lastres que impiden el mayor crecimiento sostenido de la economía mexicana han comenzado a ser superados o desechados, de manera que ahora sí “ya comenzó la reactivación económica”, como afirma, no sin alguna dosis de esperanza, Gerardo Esquivel.  Si estas buenas noticias son en realidad el inicio de algo mayor o si son simplemente flor de un día, depende de cómo vamos con el desmantelamiento de los obstáculos estructurales al crecimiento, algunos de los cuales enumero a continuación:

  1. Caída de la productividad factorial total: ¿Ya encontramos la fórmula para dejar de perder eficiencia en el uso del trabajo y el capital año tras año?
  2. Trampa de la informalidad: ¿Ya empezamos el tránsito hacia una menor participación de la informalidad en la ocupación y en el PIB, claramente por debajo de los 55% y 25%, respectivamente, que tenemos ahora?
  3. Escasa innovación: ¿Ya estamos en ruta de subir la participación del I+D en el PIB por encima del 0.30%, para acercarnos siquiera al caso de Argentina que tiene 0.55%, o el de Brasil de 1.15%, ya no digamos China, donde es de 2.56%?
  4. Debilidad del capital humano: ¿Ahora sí nuestra calidad educativa mejora claramente y nos va mucho mejor en la prueba PISA? ¿De alguna manera resultó esperanzador el desastroso resultado de PISA 2025?
  5. Deterioro institucional: ¿Tenemos ahora una mucho mejor calidad regulatoria y un sistema de impartición de justicia que inspira más confianza a los inversionistas?
  6. Rigidez fiscal: ¿Tenemos el espacio fiscal que requerimos para gastar más en infraestructura para el futuro, en salud y en educación y en seguridad y menos en atender compromisos inmediatos e ineludibles?

Si bien esta lista es incompleta, nos sirve para graduar nuestro optimismo.  Si usted responde que sí a todo o la mayoría, seguramente estará de acuerdo con quienes ven en las buenas noticias de hoy algo duradero que marque un cambio de fondo.  Entonces, ¿cree usted que ahora sí, “ya comenzó la reactivación económica?

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