Era una mañana de esas que derriten las ideas, en pleno Paseo de la Reforma, justo afuera del Senado de la República. Un reportero decidió importunar, porque para ellos eso es, a los senadores Adán Augusto López y Gerardo Fernández Noroña con algunas preguntas. Nada extraordinario. Nada violento. Nada distinto a lo que ocurre en una democracia. Preguntar. Insistir. Confrontar. Pero el poder en México ya perdió la costumbre de ser interrogado y ambos empezaron a tratar cualquier cuestionamiento como …
