Una historia siniestra. En el uso de la soberanía como coartada de delincuentes, si la deposición de la presidenta hubiera sido en una instancia jurisdiccional, podría haber caído en perjurio, al quebrantar el juramento de apegarse a la verdad y cumplir y hacer cumplir la ley. En realidad, la gobernante ha caído en una doble trampa de contradicciones. Porque con eso de que no hay pruebas y por tanto desconoce las conductas -archiconocidas- de Rocha y su banda, la presidenta estaría incurriendo …
