El peligro es interno. En esa conocida mezcla de las dictaduras que se hacen pasar por víctimas para escudarse en acusaciones contra supuestos victimarios: los gobiernos y los grandes intereses extranjeros, además de la derecha nacional e internacional, la presidenta se propuso generar este domingo la percepción de que México está en peligro, amenazado por la injerencia externa. Ello, por las acusaciones del sistema judicial de Estados Unidos a políticos y funcionarios del régimen involucrados -algunos de ellos confesos o in fraganti- con el "Cártel de Sinaloa". Pero el mayor y verdadero peligro para México es interno. Y lo constituye un régimen ciertamente penetrado por el crimen. Y que, para perpetuarse en la impunidad del poder, acaba cada día con más libertades y derechos de los mexicanos.
El miedo. En su encendida retórica de la dignidad nacional, la presidenta hizo depender este valor de que fiscales y jueces estadounidenses no enjuicien a exponentes del régimen mexicano, aunque su antecesor celebró que esa misma justicia del vecino enjuiciara a un personaje ligado a la oposición. Pero la presidenta además hizo público, a gritos, un extraño temor. Sugirió que si entrega en extradición a la mafia sinaloense del régimen luego van por más (y más arriba): una especie de confesión de parte de la cabeza de una estructura de poder político subsidiaria -en vastos territorios y sectores- del poder criminal.
Prevaricato. Si alguien hubiera comprado la expectativa de escuchar este domingo una ‘rendición de cuentas’ de la presidenta, como machacaba la propaganda oficial, podría haber encontrado -en muchos casos- una suerte de prevaricación: el ocultamiento y el desvío de la verdad: el delito de una autoridad que sesga declaraciones, decisiones y acciones a sabiendas de que distorsión la realidad y la ley. Pero el acto de este domingo da para más alertas.
Recomendar Nota
