Dos Auroras. Además de las iniciativas agendadas en el actual periodo extraordinario de sesiones del Congreso, la vocación represiva y la paranoia propia de las dictaduras también están presentes en el citatorio de la fiscalía a la gobernadora de Chihuahua. Este miércoles se dispone a presentarse la chihuahuense ante una fiscalía obediente a Palacio, en calidad de testigo de hechos que el oficialismo califica de “traición a la patria”. Sí. Como en el caso Dreyfus, el militar judío francés acusado de lo mismo en un brote ultranacionalista de su país. Fue una víctima, después reivindicada, en parte gracias al famoso “Yo acuso”, de Emil Zola, en otra Aurora como ésta, pero de París, hace más de un siglo.
Envilecidos. La gobernadora Maru Campos no ha sido formalmente acusada y ojalá no lo sea hoy que se presente en barandilla. Pero en el lenguaje y los métodos de las dictaduras de control de la opinión, Campos no sólo ha sido acusada, sino incluso sentenciada desde el atril de la presidenta y el fetiche vacío en que ha convertido la soberanía nacional. Estamos ahora ante otro brote, pero de nacional populismo, más envilecido aún por los coros digitales y los espacios mediáticos del régimen.
Al filo de la navaja. Entre el aturdimiento producido por el procesamiento en Estados Unidos, por narcoterrorismo, con solicitud de extradición, de miembros de las elites del régimen, el anuncio de que vienen más, las presiones internas por protegerlos y la aberración de pretender emparejar el marcador con la inquisición a la gobernadora, la presidenta está al filo de la navaja. Puede incurrir en encubrimiento de grandes delincuentes, obtener la condena internacional por abuso de poder contra una exponente de la oposición democrática y llevarse un revés más al inicio, hoy también, de las negociaciones comerciales con Washington.
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