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El truculento doctor Monreal

Ricardo Monreal no decepciona jamás a quienes lo consideran un impostor.

Ayer aseguró para Morena la propiedad del Tribunal Electoral hasta 2034, con la reelección de los cuatro magistrados que le regalaron a los partidos del gobierno la mayoría espuria en el Congreso.

También se aprobó que la “injerencia extranjera” sea motivo de anulación de elecciones. El proceso legislativo llevará más tiempo, pero entrará en vigor en la próxima elección presidencial.

Con esas dos iniciativas impulsadas por Monreal y que avergonzaron incluso a morenistas, se echó el último puño de tierra a la democracia mexicana.

Morena, como el dictador Francisco Franco, dejó todo “atado y bien atado” para no entregar el poder en 2030, aunque pierda en las urnas.

(Llama la atención, entre paréntesis, que partidos de oposición insisten en no ir aliados en 2027 para ganarle a Morena de la única forma que se podrá derrotar a la dictadura: con un alud de votos en la mayoría de los distritos).

La reelección de magistrados del tribunal es de primera importancia para determinar la legalidad de las elecciones.

Su duración de seis años improrrogables era la garantía de que, ya en el puesto, podían actuar con independencia e imparcialidad.

Dijo ayer la presidenta Sheinbaum que “lo que se plantea no es que (los magistrados) se queden 17 años como está planteado ahí, sino que puedan participar nuevamente en la elección. O sea, que se les permita participar en la elección, no es que se vayan a elegir directamente, fue una decisión que tomó el Congreso”.

Sheinbaum sabe que los magistrados, si quieren reelegirse, deberán plegarse a las órdenes de Morena para ser incluidos en el acordeón que reparte el gobierno a los votantes cautivos.

Todo atado: son los mismos magistrados que resolvieron que los acordeones no influyeron en la elección judicial de hace un año, en la que no votó cerca de 90 por ciento del padrón.

La nulidad de una elección por injerencia extranjera es un arma en manos de Morena para no entregar el poder en 2030.

Como dijo la diputada morenista Olga Sánchez Cordero, “la supuesta injerencia se puede acreditar con cualquier cantidad de supuestos normativos”.

Ella, incongruente como pocos, no votó en contra de esa barbaridad, sino que se abstuvo.

El truculento Ricardo Monreal defendió su propuesta:

"Que no se venga con el cuento de que habrá censura, de que si se publica un artículo en The New York Times ya será motivo de anulación. Falso, falso”.

Falso según la palabra de Monreal, dada ayer. Usted dirá.

Pero lo que se plasmará en la Constitución es el regreso a la nulidad abstracta, a discreción del gobierno.

¿Quién podría frenar esa nulidad?

Los magistrados del Tribunal Electoral, Mónica Soto, Felipe de la Mata, Felipe Fuentes y Reyes Rodríguez.

Son los que Monreal y Sheinbaum les acaban de regalar la posibilidad de seguir en el cargo hasta 2034… si hacen méritos con el gobierno.

Los que le regalaron a Morena-Verde y PT la mayoría calificada en el Congreso para cambiar la Constitución a su gusto.

Los mismos que validaron la elección judicial porque “los acordeones” que repartió el gobierno a los votantes cautivos “no influyeron” en el resultado.

“Todo atado y bien atado”, podrá decir Monreal en Palacio y en Palenque.

Sheinbaum y AMLO estarán complacidos con el resultado, pero a él lo seguirán detestando.

O para decirlo en palabras atribuidas a Julio César: “Amo la traición, pero odio al traidor”.

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