En 2013-2014 se llevó a cabo la reforma energética más ambiciosa en la historia moderna de México. Después de décadas de resistencias políticas, el gobierno logró reunir los votos necesarios para abrir el sector energético a la participación privada. La razón era clara: Pemex y CFE, además de sus problemas operativos, requerían urgentemente recursos para invertir, frente a enormes restricciones fiscales (que sólo se han agravado). La reforma no era perfecta, pero tenía un objetivo inequívoco: atraer masivamente inversión privada …
