Hace 200 años, el Carmelo salió del lugar y se fue rumbo a Tenancingo. Si caminas por los corredores del viejo convento, puedes morir de frío, y seguro eso fortalecía la convicción de los descalzos. En medio del bosque y a una buena altura, la humedad inunda el ambiente y hace volar la imaginación a los tiempos en los cuales se construyó el sitio, a los de un temblor que dañó la construcción o al paso de insurgentes, liberales, conservadores …
