Qué felicidad da una fiesta mexicana que cuida hasta el último detalle. Mi familia armó un fiestón. Mesas de diez personas acomodando a 14, pozole, banderas, todos nosotros en trajes típicos, música y pantallas. Hubo suficiente patriotismo ahí para exportar. Pero solo faltaba una cosa importante. Ver el Grito. Ese era el motivo. Tampoco es que necesitáramos más pretextos para reunirnos. Curiosamente, nadie tenía ganas. Me lanzaron mil pretextos. “No lo veo desde 2018 cuando ganó El Corrupto”. “No me …
