La meritocracia parte de una promesa atractiva: que las oportunidades dependan de las capacidades y no de los apellidos, los contactos o los privilegios. Sin embargo, muchas veces olvidamos que no todos tuvieron las mismas oportunidades para demostrar de qué son capaces. Solemos confundir el talento con las credenciales que nos permiten reconocerlo, elogiando a quien tiene el título o la experiencia, pero no siempre nos preguntamos que obstáculos tuvieron que superar para lograrlo. Valoramos la seguridad al hablar, el …
