De una manera u otra, desde finales del siglo XIX, el nacionalismo trasnochado y la locura ideológica han sido consustanciales a la cultura política latinoamericana o, mejor dicho, a la narrativa que sus autócratas suelen construir para polarizar el ambiente y justificar su incapacidad. Se erigen en los defensores virginales de valores que dicen haber aprendido desde Bolívar o San Martín para salvaguardar unas nociones de “soberanía” que, en tiempos de globalización, libre comercio o revolución tecnológica, han perdido sustancia, …
