Una sonrisa chueca se escapa por el lado de la boca, los ojos saben que están tristes, pero el corazón se aferra a la emoción que lo aceleró por poco más de tres semanas. La derrota cubrió todo de una reconfortante melancolía para quienes pudimos ver la historia mientras se escribía. Deberíamos estar bajoneados, o al menos eso es lo que dictaría la lógica. Pero si algo está claro es que hace tiempo que el mexicano se enamoró del surrealismo …
