Por primera vez en su historia, la UNAM convirtió su examen de ingreso en una competencia verdaderamente nacional. Ya no fue necesario viajar a la Ciudad de México para presentar la prueba. Bastó una computadora, una conexión a internet y cumplir con los requisitos tecnológicos establecidos por la convocatoria. La decisión fue celebrada como un paso hacia la democratización del acceso. Y, en efecto, tiene elementos que justificaban ese optimismo. Durante décadas, miles de jóvenes del interior del país enfrentaban …
