La identidad es la forma de nuestro ser. Vivir sin identidad nos convierte en moluscos existenciales. En la tradición judeocristiana el nombre constituye a la persona, es la fuerza de su identidad, lo que le hace único e irrepetible. Por eso se dice que Dios nos llama por nuestro nombre; el diablo por nuestro pecado. El nombre dignifica a la persona; el pecado la disuelve. La identidad tiene su propia gramática. En el reconocimiento de la humanidad propia y la …
