Berlín es una ciudad llena de cicatrices. Algunas están en sus edificios, otras atraviesan sus calles y muchas permanecen en la memoria. Es una ciudad que aprendió, quizá como pocas, que recordar no es quedarse atrapado en el pasado, sino impedir que el olvido termine de consumar una injusticia. Rosenthaler Straße es uno de esos lugares donde distintas memorias parecen encontrarse. En el número 39 funcionó, durante la Segunda Guerra Mundial, la fábrica de cepillos de Otto Weidt, quien empleó …
