Debo de admitir, para empezar, que no me gustan los nacionalismos: ni el español, ni el catalán, ni el francés, ni el estadounidense, ni el mexicano, ni cualquier otro. Si acaso, entiendo los nacionalismos defensivos, cuando los habitantes de algún territorio determinado, con una lengua y costumbres específicas, sienten que su cultura será barrida por un enemigo o por una potencia dominante. Pero lo cierto es que, en la mayoría de los casos, los nacionalismos suelen ser aislacionistas, discriminadores o …
