Nada grande en el mundo se ha logrado jamás sin pasiónHegel El 3 de junio de 1962, con un precario dominio de la razón futbolística, el adolescente aquél abandonó las canchas del provinciano club de tenis para seguir en su pequeñísimo radio los últimos minutos del juego entre España y México. El destino, o el dedo de Dios, le había deparado a Nacho Trelles y sus muchachos “bailar” con los más feos. El primer partido fue contra Brasil: un 2-0 …
