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Campeonato hiperpatriótico

Madrid.- Advierto que este texto seguramente provocará que se me acuse de insensible o de antipatriota. En estos tiempos, ya me da igual.

Creo que México ha sido un gran anfitrión del Mundial de Futbol y que la selección nacional ha regalado brutales momentos de alegría a millones de mexicanos, entre los que me incluyo. El país entero necesitaba un momento de alegría después de una laaaaarga serie de hechos fatídicos en nuestro país. Nada como un Mundial para alegrar a los mexicanos.

Lo que me ha reventado el hígado es el hiperpatriotismo que ha querido escenificar la presidenta Sheinbaum hasta el hartazgo. Se sumaron a esta histriónica actuación la inmensa mayoría de los gobernadores y altos funcionarios del gobierno de la cuarta transformación. Ha sido una consigna política. Así los vimos a todos -nadie podía faltar- portando su recién comprada camiseta verde. La presidenta puso el ejemplo y la portaba orgullosa del rótulo en la espalda. No decía “Claudia” o “Sheinbaum” sino “Presidenta”. Vamos, hasta su asesora económica mandó poner en la parte alta de su espalda su kilométrico nombre “Altagracia”. Lo importante no es portar esa prenda deportiva. Lo fundamental es que quede demostrado en las redes sociales que no hay mexicano más patriota ni mejor aficionado nacional que el titular de esa cuenta de X, Instagram o Facebook. El mundo debe ver y saber que ese funcionario o funcionaria de la 4T disfruta y apoya a su selección nacional como nadie. La foto debe ser escenificada festejando el gol de la victoria. El ejemplo lo puso Sheinbaum. A ella la vimos en Palacio Nacional.

Toma#1. Claudia vista desde atrás de un sillón, junto con su siempre expresivo y alegre esposo; en medio, una mesa con un plato con botana y de fondo la pantalla con la transmisión del partido. Ambos absortos en esa competición deportiva. Toma#2 (toma lateral) Claudia levantando los brazos -con su mejor sonrisa- festejando el gol de nuestros seleccionados nacionales. Toma#3 Claudia cae románticamente en los brazos de su amado esposo. Ambos se funden en ese abrazo como símbolo de la unidad nacional. No vaya usted a pensar, querido lector, que esto fue grabado con la cámara de algún teléfono celular. Nooooo. Esto es una producción profesional en toda regla. Tal vez Epigmenio Ibarra esté detrás de estas producciones.

Y Claudia insiste en no asistir a ningún estadio de futbol. Ella ve cada partido en un lugar distinto, con público controlado, sin riesgo de rechifla, y, eso sí, todo muy patriótico. Y así la vimos en Azcapotzalco, junto a la simpatiquísima, discreta y eficiente jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada.

¿Hasta dónde llegará nuestra selección nacional en este Mundial? Difícil saberlo y les deseo lo mejor. Pero una cosa debe quedar clara: el Mundial terminará y deberemos regresar a nuestra realidad y cotidianidad.

Porque mientras festejamos como si hubiéramos llegado a Marte, el Sr. Trump anunció desde Washington que no se renovará el tratado comercial entre México, EU y Canadá (T-MEC, por sus siglas) y que se optará por hacer revisiones anuales del acuerdo. Esto le permite a la Casa Blanca jugar con México al entrenador y el delfín (“tú haces la pirueta que yo quiero y yo te premio con una sardina”). El gran perdedor de esa decisión norteamericana es México, porque sigue pagando las consecuencias de una obtusa manera de llevar nuestra política exterior por parte de una señora que opta por la defensa de narcopolíticos asociados a los grandes cárteles de las drogas y que, de momento, está entretenida, fascinada, escenificando su hiperpatriotismo futbolero. Será inevitable regresar a la realidad.

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