Con “el nuevo poder judicial” el crimen organizado se siente protegido y con ostentación de soberbia amenaza públicamente a quien ejerce responsablemente la profesión de periodista.
Amenaza o manda a matar.
Ciro Gómez Leyva, periodista de larga y limpia trayectoria, fue víctima de un atentado para asesinarlo la noche del 15 de diciembre de 2022, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Luego de averiguaciones y rastreos, las autoridades detuvieron al autor material del intento de homicidio, quien previamente mató a su cómplice, y también fue capturado el que contrató a los sicarios.
Quien dio la orden de matar al periodista, se dijo a manera de conclusión del caso, fue El Mencho, entonces líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Resultó extraño para el agraviado y para sus abogados. ¿El Mencho? ¿Por qué?
El atentado ocurrió en el clima de hostilidad y desprestigio que el presidente emprendió contra periodistas independientes, entre ellos, y destacadamente, Ciro Gómez Leyva y otros colegas.
Las campañas de odio, por sí solas, no matan, pero cuando vienen desde el poder presidencial, inducen a la agresión física.
El lunes, un envalentonado Israel Vallarta acudió a los estudios de Radio Fórmula en la Ciudad de México, donde difamó y amenazó al periodista Gómez Leyva, quien lo había invitado a dar su punto de vista a raíz del sonado caso de secuestro en que se vio envuelto y fue a dar a la cárcel hace tres sexenios.
Buscó al compañero de programa de Gómez Leyva, Ernesto Feregrino, que no estaba, y se fue directo contra Ciro.
Vallarta no quiso responder los temas que el periodista preparó para la entrevista, tomó la palabra y se dedicó a difamar a su entrevistador y lo amenazó: “Mire, es la primera y última vez que nos vemos en un medio de comunicación pública, las próximas van a ser ante un tribunal”.
Ciro sostuvo que él le creía a las víctimas y que la verdad legal no siempre coincide con la verdad histórica. Algo totalmente explicable porque la exoneración de Vallarta fue sentencia de una “juez del acordeón” y un magistrado del acordeón, sostuvo.
Vallarta agotó el tiempo de la entrevista y al marcharse, sin responder a los cuestionamientos, una persona que le acompañaba lanzó billetes al aire para que fuesen vistos en cadena nacional.
¿Qué le queda por hacer a un periodista ante un tipo desafiante y agresivo que fue al estudio a insultarlo y amenazarlo?
La respuesta es: nada.
Si Vallarta cumple su amenaza de llevarlo ante los tribunales del acordeón, Gómez Leyva la tiene perdida.
El poder protege a los suyos, no a las víctimas.
Únicamente quedará la defensa gremial, hasta donde tope.
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