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México cayó de pie en su mejor mundial

En un escenario pletórico, en donde el color verde era un mosaico de esperanza que en todo momento impulsó al TRI, el largamente anhelado sueño de pasar a los cuartos de final se esfumó

México no pudo contra una plantilla de mil 600 millones de dólares repleta de nombres que juegan en los mejores equipos del mundo, y sucumbió ante Inglaterra en el Estadio Ciudad de México por marcador de 2-3.

En un escenario pletórico, en donde el color verde era un mosaico de esperanza que en todo momento impulsó al TRI, el largamente anhelado sueño de pasar a los cuartos de final se esfumó.

Inglaterra nos anotó, a los minutos 36 y 37, dos goles de Jude Bellingham desmotivadores para la Selección y para los millones de aficionados que ilusionados creyeron en el milagro.

Sin embargo, al 41 llegó el gol que revivió a la escuadra mexicana. Julián Quiñones aprovechó un reboté y anotó el descuento. La afición mexicana en todo el país lo gritaron al unísono. La confianza volvió.

Pero nuevamente un penal a favor de los visitantes, luego de un largo despeje del portero inglés, que terminó siendo la figura de su Selección, Jordan Pickford, provocó una pelota dividida que ganó el delantero inglés.

Raúl “Tala” Rangel cometió un penalti que enfrió los ánimos de la afición mexicana. Lo cobró, ¿quién más? Harry Kane, el letal delantero de la escuadra inglesa. Gol visitante a los 59 minutos.

La escuadra mexicana no dejó de luchar y al minuto 68 Raúl Jiménez anotó desde los 11 pasos, luego de una falta del propio Kane a Brian Gutiérrez.

Nuevamente los mexicanos volvimos a soñar.

A pesar de que Javier Aguirre mandó a dos centros delanteros al campo –Cristián Giménez y Guillermo Martínez—para tratar de cazar un centro, el gol del empate no llegó.

Garra y Actitud.

Los mexicanos jugaron con garra. Les sobraron ganas, coraje y actitud. Pero no alcanzó. Inglaterra nos regresó a nuestra realidad, a una realidad que solo nos permite ganar en la CONCACAF. No más.

El planteamiento del técnico de la Selección Mexicana fue lógico. Metió al campo a sus mejores hombres, a los que jugaron contra Ecuador y obtuvieron el triunfo.

México fue hacia el frente y presionó la salida de los herederos del gran Bobby Charlton. Pero no fue suficiente.

Insistieron una y otra vez, generaron peligro a un cuadro inglés que además de quedarse con 10 hombres sucumbió a la altura de la Ciudad de México, pues al término de la primera mitad estaban visiblemente agotados.

La puntería de la parte mexicaca falló y la férrea marca de la defensa inglesa y un portero que estuvo intratable impidió que los mexicanos movieran una tercera vez las redes y consiguieran el empate.

La afición mexicana no dejó de apoyar y de empujar al equipo que naufragó ante una poderosa Inglaterra que hizo un juego inteligente y que superó la Selección Nacional y a la altura de la Ciudad de México.

Javier Aguirre y sus dirigidos dejan una buena sensación; sin embargo, seguimos siendo el equipo que no pasa a las instancias más importantes de un Mundial.

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