La última ocasión en que un presidente de la República leyó el mensaje de su informe en la Cámara de Diputados fue en 2005.
Al año siguiente, Vicente Fox no pudo ingresar al Salón de Plenos porque la tribuna estaba tomada por los legisladores del PRD y el PT.
Los ánimos estaban caldeados por los resultados de la elección en la que Felipe Calderón derrotó a Andrés Manuel López Obrador por un estrecho margen; la izquierda nunca aceptó el resultado y alegó fraude.
En 2007, Felipe Calderón, ya como titular del Ejecutivo, acudió a la entrega de su primer Informe y tampoco pudo dar su discurso. Esto motivó una reforma legal para eliminar la obligación de que el mandatario asista al inicio del periodo de sesiones. Desde entonces, el responsable de la política interna es el encargado de entregar los tomos correspondientes.
La historia de los informes, en lo que se refiere a su celebración pública, está llena de claroscuros. Por décadas significó uno de los ritos más esperados, pues de sus mensajes se podían desprender directrices de amplio espectro y cambios en el gabinete.
Pero esto no le quitaba lo aburrido: eran horas y horas de datos que no se podían retener y, mucho menos, corroborar.
Se suspendían las clases; las televisoras y radiodifusoras se enlazaban en cadena nacional.
Las transmisiones podían iniciar en Los Pinos, desde donde se mostraba a la familia presidencial después del desayuno, lista para convertirse en los primeros oyentes de la nación.
Después de “la ceremonia republicana”, cientos de servidores públicos acudían a Palacio Nacional para la salutación: filas y horas de espera para estrechar la mano del mandatario.
En 1988 las cosas comenzaron a cambiar con la llegada de una pluralidad más vigorosa a las cámaras. El 1 de septiembre de ese año, el senador Porfirio Muñoz Ledo interpeló al presidente Miguel de la Madrid exigiendo el uso de la palabra. No se la dieron, por supuesto, pero aquello tuvo un enorme impacto.
El modelo de comunicación de la 4T hace que el informe carezca de la relevancia de antaño, ya que mucho de lo que se señalará se dijo de antemano en las conferencias mañaneras y se replicará en reuniones a lo largo del país.
En 2006 se cerró la puerta de la Cámara a los presidentes de la República en lo que respecta a su informe de labores. Ojalá algún día la vuelvan a abrir.
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