Las leyes mexicanas ya restringen la participación de quienes tienen doble nacionalidad, sobre todo para cargos que exigen ser mexicano por nacimiento, como la titularidad del Poder Ejecutivo.
Son disposiciones anacrónicas que no responden a la dinámica global ni a la realidad contemporánea. En los hechos, resultan discriminatorias y no se apegan a los estándares internacionales de derechos humanos.
A lo largo de los últimos años, el TEPJF ha optado por soluciones garantistas al ampliar el espectro de participación en lugar de reducirlo. Sin embargo, el fondo del asunto sigue sin resolverse.
Es una lástima que no se haya avanzado en la materia, sobre todo porque ahora existe la pretensión de retroceder, como los cangrejos.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que propondrá una reforma legal para cancelar de plano la posibilidad de que alguien con doble nacionalidad pueda ser gobernador o presidente de la República.
Su molestia se dirige principalmente contra Francisco García Cabeza de Vaca, quien gobernó Tamaulipas y actualmente reside en Estados Unidos. García Cabeza de Vaca cuenta con doble nacionalidad, pero ese no es su mayor problema, sino haber sido uno de los pocos mandatarios locales que se enfrentaron a López Obrador.
Desde que se negó a dar su brazo a torcer, iniciaron los problemas que concluyeron en una orden de aprehensión y en una solicitud de extradición. Dado que no existen pruebas sólidas contra el exmandatario tamaulipeco, el proceso jurídico en su contra no prosperará.
No obstante, las verdaderas víctimas de este litigio serán quienes posean dos nacionalidades, como si ello constituyera un motivo de descalificación o sospecha. La idoneidad para ocupar un cargo no puede sustentarse en prejuicios ni en traumas históricos.
La condición de buen o mal mexicano no depende de los antecedentes familiares ni de los lazos que se mantengan con otros países. En 1993 se dio un avance histórico al reformar la Constitución para permitir que una persona con madre o padre extranjeros pudiera despachar en Palacio Nacional.
Se dirá que eran otros tiempos. Y sí, hay toda la razón en ello.
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