El listado de países que prohíben el acceso a altos cargos públicos a quienes tienen doble nacionalidad da una pincelada de dónde provienen semejantes prejuicios: Australia, Colombia, Egipto, Camboya y Kenia son los más restrictivos.
Los más liberales, en cambio, que no sustentan su política en reflejos de paranoia sobre lealtades abstractas, son Reino Unido, Francia, Canadá, Italia y Nueva Zelanda.
Hay casos mucho más silvestres, como el de Nicaragua, donde no solo no permiten sospecha alguna de extranjerismo, sino que despojan a quien les place de la nacionalidad misma.
En general, en democracia, lo que se requiere son certificaciones de seguridad, lo que resulta más razonable que mutilar derechos, como ahora se pretende en México.
En 2019, Manuel Valls se postuló para la alcaldía de Barcelona. La peculiaridad era que provenía de las filas del socialismo e inclusive quiso ser presidente de Francia, donde sí ejerció como primer ministro. Sí, tenía dos pasaportes.
El escándalo con Valls, si acaso lo hubo, se limitó a que quisieron caracterizarlo como un candidato de las élites europeas. Valls, en cambio, hizo una campaña moderada que tuvo la virtud de señalar los excesos a los que podía llegar el nacionalismo catalán.
Alcanzó 13%, nada mal, aunque notoriamente insuficiente frente al 21% de Ada Colau, quien logró reelegirse.
En México algo así ya era poco probable, pero terminar con la progresividad de las leyes es un error mayúsculo.
Restringir los derechos de sufragio pasivo (el derecho a ser electo), como se estipula en la iniciativa que presentó la presidenta Claudia Sheinbaum, da al traste con la progresividad jurídica y nos devuelve a una época anterior a la de las reformas al Artículo 82 de la Constitución, e inclusive más atrás, ya que incluye la prohibición en el ámbito de los estados.
Es difícil establecer cuál es la motivación de la nueva aventura de la 4T. Se entienden sus miedos profundos a una derrota, pero ésta tarde o temprano llegará, porque es el ciclo natural de la política y el poder.
El problema son las ruinas que dejan y los agravios que suman.
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