El gobierno mexicano montó un circo contra un cartucho quemado, el exembajador Ken Salazar, en lugar de preguntarle al piloto que llevó al Mayo Zambada a Estados Unidos cómo fue el operativo.
No lo puede hacer porque cuando Estados Unidos lo deportó a México luego del aterrizaje en Santa Teresa con El Mayo y el hijo del Chapo a bordo, el gobierno de AMLO no lo detuvo.
Y cuando lo aprehendió el gobierno de Sheinbaum en Culiacán, lo entregó a Estados Unidos.
Sí, Mauro Alberto Núñez, piloto de confianza de los Chapitos, fue deportado a México y el gobierno de López Obrador no lo interrogó ni aprehendió.
AMLO fingió estar muy molesto y le pidió al gobierno de Biden que explicara si Estados Unidos había tenido algo que ver en el secuestro y traslado de Ismael Zambada.
El embajador Salazar respondió que ni el avión, ni el piloto ni el operativo eran del gobierno de su país.
Si quería saber qué pasó, era tan sencillo como interrogar al piloto.
El fiscal Gertz Manero o Rosa Icela Rodríguez -entonces secretaria de Seguridad federal- tendrían que decir por qué gozó de libertad el piloto de los hijos del Chapo Guzmán, luego de esa operación delictiva.
Ahí está el punto.
Ahí se explica el porqué el Mayo Zambada y sus familiares se sintieron traicionados por el gobierno de López Obrador.
Y ahí está el miedo de AMLO por lo que diga Zambada a las autoridades del gobierno de Estados Unidos.
Lo obvio era preguntarle al piloto quién lo contrató. ¿De quién era el avión? ¿Cuáles eran las instrucciones de los Chapitos en el operativo? ¿Cómo fue el viaje y qué decían los pasajeros? ¿Cómo hizo para escapar de los radares en México? ¿Con quién se comunicaba en la ruta del vuelo? ¿Qué otros pasajeros solían acompañar a los jefes narcos en sus vuelos? Etcétera.
Nada de eso. Abrazos. El piloto de los hijos del Chapo fue hombre libre. ¿Por qué?
De acuerdo con lo que informó la Fiscalía General de la República este miércoles, el piloto siguió delinquiendo en México, hasta el cambio de gobierno.
En febrero de 2025 fue detenido en un operativo en Culiacán, en el que murió un miembro del Ejército mexicano.
¿Y qué dijo el piloto? No se sabe.
Fue enviado a Estados Unidos donde llegó a un acuerdo con las autoridades de ese país: se declaró culpable de cargos por narcotráfico a cambio de una reducción de penas.
Así es que todo este ruido contra el exembajador Ken Salazar no es más que un circo.
La presidenta lo acusó de mentir sobre el avión, ya que hace unas semanas la aeronave se presentó en una feria del FBI en Texas.
Salazar no tiene nada que ver con esa feria que acaba de suceder. Es un expolítico, de Colorado, y no ostenta cargo alguno.
¿No sería más práctico preguntarle al actual embajador Ronald Johnson?
Nuestro gobierno prefiere cargar el ruido del circo y las miradas del público hacia un miembro del Partido Demócrata que publicó en un libro que “un empresario muy influyente” le confió la preocupación de López Obrador por lo que El Mayo pudiera decir.
Demasiado circo para ocultar lo que se ve desde un avión.
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