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Una reforma del tamaño de su paranoia

La palabra xenofobia viene del griego y combina dos términos: extranjero y espantarse.

El miedo al exterior fue el complejo que México se quitó con las reformas y el discurso de los años 90, y ahora vuelve con la contrarreforma anunciada por la presidenta para quitar derechos a los mexicanos que tienen doble nacionalidad.

La iniciativa es parte de una serie de reformas destinadas a bloquear un posible triunfo de la oposición en las elecciones presidenciales de 2030.

Temen al empresario Ricardo Salinas Pliego y bloquean a su compañero en Morena, Marcelo Ebrard Casaubon. A ellos dos, por ahora, más otros que pudieran tener doble nacionalidad.

El gobierno argumenta que quienes tienen doble nacionalidad son potenciales agentes de un país extranjero al que ven como enemigo (Estados Unidos). Eso es falso y es paranoico.

La única persona con un alto cargo público que se ha ofrecido para actuar como agente del extranjero y dar información de seguridad nacional a una agencia de otro país (al FBI), es la gobernadora morenista de Baja California, Marina del Pilar Ávila.

Sigue en el cargo, no obstante la evidencia grabada de haber ofrecido sus servicios de informante a una potencia extranjera para salvarse ella, y no para coordinar acciones contra el delito en la frontera.

El proyecto anunciado muestra que a Morena lo mueve el espanto a perder la elección presidencial, porque es mucha la basura (delitos graves) acumulada bajo la alfombra en el sexenio anterior y en el actual.

Ya pusieron a la “injerencia extranjera” como causal de nulidad de las elecciones.

Así, un artículo de la acertada Anastasia O’Grady en The Wall Street Jounal, o un reportaje crítico en The New York Times, o una entrevista a un opositor en un medio extranjero, bastaría como pretexto para descalificar al ganador si el resultado es adverso al grupo en el poder.

Tan real es su miedo a perder en 2030 que crearon un comité en el Instituto Nacional Electoral, encabezado por un exsecretario de la presidenta, para investigar posibles vínculos de candidatos con el narco y sacarlos de la contienda.

Se apropiaron del INE con consejeros al servicio del gobierno, y capturaron al Tribunal Electoral con magistrados serviles.

Ahora el partido de Estado va a poner un nuevo candado, con el pretexto de la soberanía, y le quitará derechos a quienes tomaron, y toman, los beneficios de tener otra nacionalidad sin renunciar a su condición de mexicanos.

Queda claro, también, cuál será uno de los ejes de la campaña de Morena en 2027 y 2030: por la “soberanía” y contra “agentes extranjeros”.

Ya comenzaron a promover esa campaña de nacionalismo xenófobo -que no es amor a la patria, sino odio al extranjero-.

Apuntan su artillería mediática para usarla contra otra figura de la oposición que podría estar en la boleta presidencial de 2030: Maru Campos, la gobernadora de Chihuahua.

Su paranoia crónica los lleva a hacer listas negras de sus críticos más odiados y difundirlas desde Palacio Nacional, ese maravilloso e histórico recinto que alguna vez fue de todos, y ahora está tapiado con bardas de acero.

La paranoia es su estado permanente. Pocos meses después de asumir la presidencia, López Obrador y Jesús Ramírez dieron a conocer los nombres de los “conjurados” en una organización (inexistente) a la que llamaron BOA.

Sus complejos y miedos los hacen poner barreras legales, punitivas y propagandísticas para impedir lo que sucederá en 2030.

Ahora, contra mexicanos que tienen doble nacionalidad. Y luego vendrán otras y otras reglas producto del pánico a perder el poder.

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