Un padre desesperado porque no dejan entrar a su hija al examen de ingreso a la universidad golpea con la cabeza una puerta de metal y se desvanece. Veinte jóvenes se suicidan después de la presión insoportable de tener que repetir el examen de ingreso a medicina. Millones de jóvenes salen a las calles de Nueva Delhi, enfrentan a la policía y desafían al poder. El detonante fue un fraude en el examen de admisión: la filtración de respuestas obligó a repetirlo. Pero la pregunta de fondo es qué hay detrás de este grito de impotencia e indignación.
La respuesta es la búsqueda de libertad. No la libertad entendida como ausencia de interferencia, sino la libertad republicana: vivir una vida independiente, poder elegir con autonomía el camino propio sin depender de un poder arbitrario. Esa es la aspiración de millones de jóvenes: no depender de sus familias, de empleadores arbitrarios, de mafias, caciques o gobiernos clientelares. Buscan construir un proyecto de vida propio y tener el control sobre las decisiones fundamentales de su existencia.
Por eso la educación es la llave de esa libertad. Permite construir una carrera profesional o empresarial propia y alcanzar una independencia económica que se traduce en autonomía política y cultural. El acceso a la universidad representa mucho más que un título: simboliza la llave de una vida autónoma. Por eso la rabia en India no surge únicamente porque haya pocos lugares en las universidades para millones de aspirantes. Surge porque el sistema educativo desde preescolar está construido sobre profundas desigualdades.
Una minoría accede a escuelas de excelencia y llega a las mejores universidades del mundo; millones estudian en escuelas donde no adquieren siquiera habilidades básicas. Detrás de ello existe una estructura de dominación: líderes sindicales que controlan la profesión docente y utilizan a los maestros para movilizarlos en favor de los políticos. Las aulas creadas para liberar, en realidad sirven para dominar. A ello se suma una economía que, aunque ha tenido un enorme crecimiento, sigue limitada por monopolios y grandes corporaciones vinculadas con la clase política, reduciendo el dinamismo que permitirían mejores empleos para los jóvenes.
La protesta también fue contra el gobierno populista de Modi, que prometió romper esas estructuras y terminó profundizándolas. Los jóvenes denunciaron el control sobre medios de comunicación que no reflejaban sus demandas, sino solamente el caos de sus manifestaciones. También denunciaron una justicia cada vez menos independiente, simbolizada por el ministro de la Suprema Corte que los llamó “cucarachas” y encendió la chispa de su protesta.
México se refleja en el espejo de India. Aquí un gobierno populista prometió acabar con privilegios y terminó fortaleciendo alianzas con poderes fácticos. La regresión educativa devolvió control político a dirigencias sindicales que habían perdido influencia ante un servicio profesional docente que mejoraba la calidad de la educación. La inédita caída en las coberturas deja a millones fuera de las aulas. La destrucción de la competencia económica fortalece monopolios. El bajo crecimiento y la precariedad laboral limitan la autonomía económica de los jóvenes. La política de “abrazos no balazos” fortaleció la dominación de grupos criminales. Y la captura del Poder Judicial acabó con los contrapesos.
En ambos países, los jóvenes enfrentan estructuras invisibles que bloquean su movilidad social. Como los revolucionarios franceses del siglo XVIII frente a los estamentos de la Corona, la aristocracia y la Iglesia, hoy enfrentan corporaciones modernas aliadas con gobiernos populistas que impiden una vida independiente para todos.
Por eso necesitamos construir una verdadera república: una donde la educación, la seguridad, la salud, la justicia y la competencia económica permitan que cada persona pueda elegir su propio destino.
Movimiento de Independencia se volverá a publicar el lunes 24 de agosto.
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