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Educación y República, un primer paso

“El secreto de la libertad consiste en educar a las personas; el secreto de la tiranía, en mantenerlas en la ignorancia”. Eso decía Robespierre, antes de su delirio. Condorcet llevó esa convicción al diseño educativo de la primera República francesa. Jefferson sostuvo que sin educación no hay ciudadanos ni república. Morelos pidió educar al hijo del labrador como al del más rico hacendado. Para el republicanismo, educar es condición de libertad. Una libertad entendida como independencia, como la posibilidad de vivir sin depender de la voluntad arbitraria de otro. Una buena educación amplía opciones y permite una vida autónoma. En México, la libertad como independencia es un privilegio, no un derecho. En parte, por la precariedad educativa.

El jueves pasado ocurrió algo inusual. Movimiento Ciudadano convocó a un foro para discutir la destrucción educativa de Morena y pensar una agenda de reconstrucción. En un país donde los partidos sólo se hablan a sí mismos y miran a la siguiente elección, y no a la siguiente generación, abrir un diálogo con expertos, docentes y sociedad resulta extraordinario.

El primer panel mostró la ruptura de una política de Estado que duró casi un siglo. Desde la fundación de la SEP, en 1921, hasta 2018, todos los gobiernos aumentaron las coberturas. Con Morena se interrumpió esa trayectoria, como lo demostraron Silvia Schmelkes, Carlos Mancera y Germán Álvarez. Mancera señaló dos causas. La primera: un manejo equivocado de los programas sociales. Las becas son fundamentales. El problema es que su aumento presupuestal ha sido a costa del resto de la educación. Por ello desaparecieron las escuelas de tiempo completo y se redujo en más de 90% el presupuesto para formación docente. El presupuesto de las becas debe ser adicional. No puede crecer a costa de la educación. El segundo problema es el deterioro de la calidad: muchos estudiantes no pueden continuar sus estudios por la precariedad de su formación.

La segunda mesa profundizó el debate sobre la calidad. Alma Maldonado mostró que la obsesión de Morena contra este concepto llegó al extremo de eliminar la palabra “calidad” de la Constitución. No fue un problema semántico. Fue la desaparición de un propósito. Pedro Flores Crespo recordó que la educación de calidad construye bien común. Eduardo Backhoff mostró que igualar oportunidades exige tratar desigual a los desiguales. Paradójicamente, bajo el gobierno que dice poner primero a los pobres, son ellos quienes más han sido abandonados. Mauricio Romero planteó que una carrera profesional docente, libre del control sindical, desarrolla mejores maestros y eleva los aprendizajes de los alumnos.

La tercera mesa analizó la devastación causada por Morena al restaurar el control clientelar de los sindicatos sobre los maestros. Carlos Ornelas, Jorge Javier Romero y Alberto Sánchez explicaron cómo se formó ese modelo en el siglo XX. La reforma que hicimos entre 2012 y 2018 separó la carrera docente del control sindical. Fue una reforma educativa y política. Sustituyó una estructura de dominación clientelar por una carrera profesional. Como lo demostró Mauricio Romero, esa transformación mejoró los aprendizajes. Morena revirtió esa separación en detrimento de docentes y alumnos. El camino es retomar, aprendiendo de los errores, el principio de separar la carrera docente del control sindical.

La discusión dejó una conclusión: la educación mexicana atraviesa su peor crisis. Se identificaron los destrozos y las ideas para reconstruir. Ahora toca pasar a la acción. Tengo tres hijos pequeños. Quiero que ellos y toda su generación puedan vivir en una verdadera república, con división de poderes, Estado de derecho, prosperidad y educación de calidad. Para ello, necesitamos recuperar una educación republicana. Una educación que libere y forme ciudadanos, no súbditos. Aquí dimos el primer paso.

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