Hay a quien le encanta pararse frente a un juez. A quien no le faltan pretextos para demandar a quien se le ponga enfrente. Será que les gustan los laberintos jurídicos en los que cada recurso, cada audiencia y cada revisión llevan a un nuevo pasadizo incierto. A mí no. No entiendo por qué alguien se siente atraído por las marañas jurídicas en las que el futuro de una persona depende de la interpretación que otra le pueda dar a …
