México está jugando con uno de sus pocos anclajes de confianza. Durante más de dos décadas, el grado de inversión permitió al gobierno, a Pemex, a la CFE, a la banca de desarrollo y a miles de empresas financiarse mejor afuera, y ese beneficio también se sintió adentro: hipotecas y créditos más baratos, plazos más largos y menos presión sobre el bolsillo de las familias. No es una medalla burocrática. Es la diferencia entre un país que inspira confianza y …
