Estamos sentados sobre dos bombas de tiempo: la impartición de justicia, a cargo del Poder Judicial, y la procuración, responsabilidad de las fiscalías. Sin embargo, el oficialismo ha optado por una reforma judicial diseñada para capturar la institución y blindar aliados, dejando de lado —con dolo, no por descuido— la transformación profunda que requieren los ministerios públicos. Reformar de raíz la Fiscalía General de la República (FGR) y las fiscalías estatales implicaría dotarlas de una autonomía técnica real y eliminar …
