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Nacionalismo inseguro de fanáticos mexicanos

Inseguridad. Ojalá la selección nacional haya pasado la noche de este martes a octavos de final. Y ojalá eso sirva, aparte de todo, para darles la seguridad que les falta a algunos fanáticos mexicanos que creen que su equipo necesita de las malas artes para ganar un partido clave.

Doble derrota. Todas las cadenas de noticias televisadas del mundo trasmitieron imágenes vergonzosas de un millar de fanáticos mexicanos en las afueras del hotel en que se hospedaron los futbolistas de la selección del Ecuador. Enviadas estas notas antes del inicio del partido México-Ecuador, seguro ya sabrán ustedes si ganamos y pasamos a octavos de final de la Copa del Mundo de futbol. Pero quizás no sepan que en ese caso ensuciamos la victoria con los actos de alevosía y traición al juego limpio protagonizados en el hotel de los jugadores ecuatorianos para impedirles, la víspera, el descanso debido para jugar en una plaza, de por sí desventajosa, por la altura de la ciudad. Y si perdimos, el mensaje será que no la hacemos ni haciendo trampa. Pero hayamos ganado o hayamos perdido, la derrota es doble (o triple, si perdimos en la cancha). Porque exhibimos la inseguridad en los méritos propios del país cuya pertenencia nos propusimos exaltar, y reforzamos la percepción de una innata propensión embaucadora del mexicano, identificada hace décadas en Europa, con un dejo de racismo, como ‘la ley del mestizo’. En todo caso, pudo la autoridad blindar la zona con granaderos para proteger el sueño de los ecuatorianos y protegernos nosotros mismos de nuestros penosos atavismos.

Agandalle. Legítima nuestra propensión a expresar nuestra necesidad de pertenencia a una comunidad nacional en torno al buen desempeño del equipo de fútbol que lleva nuestros colores. Pero lamentable la inclinación a mostrar nuestra identidad nacional como sinónimo de agandalle.

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