El triángulo. Al triángulo de enredos, mentiras y traiciones formado por el régimen mexicano, los cárteles y Estados Unidos, del que no parece escapar con bien el grupo en el poder de nuestro país, se agregó esta semana otro elemento insólito. Increíble, la cándida confesión de la fiscal general de que México tuvo detenido al piloto del avión que se llevó al Mayo Zambada, y que deportó a Estados Unidos a esa pieza clave para la investigación de los hechos. Con la falta que le haría ahora a la presidenta para que ese sujeto confesara cómo estuvo realmente el viaje, en lugar de estárselo preguntando al gobierno estadunidense, que nunca responderá, porque no hay gobierno que ponga en evidencia sus operaciones encubiertas, que quedan encubiertas.
Más preguntas. ¿Será que soltaron al piloto porque el régimen ya tenía una versión firme de lo ocurrido en aquella jornada de julio de 2024, que incluyó el asesinato de un enemigo (que sabía demasiado) del compa de López Obrador y protegido por Sheinbaum, Rocha Moya? ¿O será que AMLO no tenía más margen que insistir en que su régimen no tuvo que ver con ese operativo, para convencer al trasladado de que no hablara de lo que sabe de la narcopolítica mexicana? ¿O será simplemente la proverbial incompetencia del personal del régimen, que pondría en entredicho la versión de Le Carre -referida a los agentes secretos- de que mientras más incompetentes resultan, más útiles, más utilizables?
Buen pase. Un destello de sensatez apareció en la cancha mañanera de este jueves con el pase de la presidenta y el secretario de Relaciones para salir del encajonamiento Rocha/Zambada y llegar al área con la defensa de los derechos de nuestros migrantes en EU. También con la rectificación (tardía) que los dejaba ver como abogados del Mayo.
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