Otros datos. Aparte de los balances (positivos) del desempeño de la selección, van otros datos -extradeportivos- que, a diferencia de los de YSQ, sí son comprobables. Minutos después de finalizar el partido, la sección de deportes del NY Times ya había valorado el partido de México e Inglaterra como uno de los mejores del torneo. O sea, el equipo nacional aparecía a la cabeza de los eventos deportivos mundiales reconocido por su actuación frente a una de las grandes potencias futboleras en uno de los principales diarios de la globalidad.
Vocación de ganar. No cabe aquí el manido tópico autodenigratorio del “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Esto pertenece a la era infantilista de la derrota como destino fatal. Este complejo permanece, aunque menos, en la cháchara (presencial y digital) no obstante lo que vimos el domingo. Nada que ver con los avances mediocres de otras épocas, acaso incrementales, en la calidad de uno o dos jugadores. No. El domingo vimos otro mundo de aptitudes y actitudes: un equipo para cuyos integrantes ganar es una vocación natural con la que cada uno se compromete hasta el último minuto, como lo hicieron los seleccionados mexicanos bajo la lluvia dominical.
Jurásico. Igual se pierde, como el domingo, pero no por designio fatal, sino porque algo no nos salió bien o al rival le salió mejor. Así fueron eliminadas potencias como Países Bajos, Alemania y Brasil. Otro fatalismo, en los cronistas del Jurásico, según quienes perdimos, ‘como siempre’, por el arbitraje o por lo que decidió o no decidió Javier Aguirre. Y, de eras geológicas anteriores, otro reincidió en felicitar a la presidenta, fenómeno que no se escuchaba, en una transición deportiva, desde la década de 1950, cuando El Ratón Macías le dedicaba sus peleas al “señor presidente de la República”.
Recomendar Nota
