Rocha, a salvo; Sheinbaum, ¿en riesgo? Por poner a salvo la impunidad del gobernador Rocha y del senador Insunza: en su función de alfileres de cuya investigación en Estados Unidos pende la impunidad de la pregonada narcopolítica del régimen, López Obrador parece encaminado a someter al mayor desgaste a la presidenta. Incluso al grado de poner en riesgo su autoridad dentro y de fuera del país. En esta fase de la historia del régimen, la mañanera, como lavabo para limpiar diariamente la cara del grupo en el poder, podría estar conduciendo a lo contrario. Y la clausura de información -clasificada para su reserva- abre el paso franco a la especulación, a la imaginación de lo que puede estar pasando tras la secrecía. Con otro peligro, acaso inminente: que la información que aquí se bloquea fluya desde Washington con el giro y el estilo de la casa (Blanca) y con su poder de fijación de la agenda pública, acá y en el mundo.
Afectar la confianza. Los puntuales argumentos de la Cancillería para darle fundamento a la reserva informativa de las comunicaciones del caso Rocha con Washington, debieron planteárselos a la presidenta. Sus expresiones absolutorias de los miembros del régimen indiciados en EU, particularmente a su regreso, por aquellos días, de Palenque, pudieron, en efecto, "afectar la confianza y confidencialidad necesarias para el intercambio de información entre autoridades de ambos países".
Menoscabo. El apunte de la Cancillería podría aplicarse a los arrebatos soberanistas de Sheinbaum, generados por presiones caseras para extender la impunidad de los suyos. Quizás si ella hubiera atendido los argumentos de Relaciones Exteriores, no seguiría enganchada -todavía hoy- con el exembajador Ken Salazar. Ello conduce, en efecto, a “menoscabar la conducción de las relaciones internacionales del Estado mexicano”, así como la “interlocución diplomática entre México y EU”.
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