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La violencia de ETA

El destino de los pueblos debe estar en sus manos. De eso estoy convencido, como también de que el terrorismo y la guerra jamás deben ser la vía para lograr reivindicaciones. En mis 63 años me ha tocado conocer muchos conflictos y, en todos ellos, por buenas que hayan sido sus causas, hay muertes innecesarias. Para colmo, con el paso del tiempo no faltan los redentores que terminan convirtiéndose en tiranos o en ciudadanos con posturas moderadas.

La primera vez que visité España había pasado poco tiempo desde la muerte de Miguel Ángel Blanco, y hablar de atentados resultaba incómodo para una sociedad agraviada y aún de luto. Euskadi Ta Askatasuna (ETA), durante sus 60 años de existencia, cobró la vida de más de 800 personas y fue responsable de numerosos atentados. La organización nació en 1959 y, en un principio, se presentó como un movimiento en defensa de la identidad vasca frente a las políticas de Francisco Franco. Después evolucionó hacia posturas marxistas, separatistas y extremistas.

Miguel Ángel Blanco Garrido tenía 29 años cuando fue asesinado. Era un modesto concejal del municipio de Ermua; en euskera, el nombre de esa población significa “zona de frontera”, y su homicidio marcó un deslinde entre el miedo y la exigencia ciudadana de poner fin a la violencia. Blanco era economista de profesión y albañil de oficio. Tenía poco tiempo como militante del Partido Popular. Los de ETA le dispararon dos tiros en la nuca la tarde del 12 de julio de 1997 y lo abandonaron. Fue encontrado con vida, pero falleció durante la madrugada del día siguiente.

ETA exigía que sus militantes presos fueran trasladados a cárceles cercanas al País Vasco y, para presionar al gobierno de José María Aznar, secuestró al joven político. Algunos medios de comunicación afines a las posiciones de la organización responsabilizaron al Estado del desenlace por no ceder a las exigencias de los secuestradores. Sin embargo, la sociedad española se movilizó masivamente para exigir el fin de la violencia. El grito de cientos de miles era: “ETA, escucha, aquí tienes mi nuca”.

El funeral fue una muestra de solidaridad y protesta. Asistió, en representación del Estado, el entonces príncipe de Asturias. Los atentados no cesaron de inmediato, pero el asesinato de Miguel Ángel Blanco y el fortalecimiento de la democracia marcaron el principio del fin de la organización terrorista, cuyo nombre significa “País Vasco y Libertad”.

En su tierra natal y en toda España se recuerda por estos días a Miguel Ángel. Una encuesta señala que seis de cada 10 jóvenes no saben quién fue él y que muchos tampoco tienen claro cuál fue el papel de ETA en la historia reciente del país. Mientras tanto, varios de los fundadores de la organización viven de manera apacible o han fallecido de edad avanzada: Julen Madariaga murió en 2021, a los 88 años; Txillardegi, en 2012, a los 83; Benito del Valle falleció en 2011, a los 84; Eneko Irigarai, con 90 años, continúa con vida, y Rafael Albisu Ezenarro, feneció a los 81 años. Este último fue padre de Mikel Antza, quien dirigió ETA durante 11 años y ahora se dedica a la literatura.

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