Resulta inconcebible que, tras el escándalo por los actos de corrupción en torno a la exconsejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, el partido y los aliados que condujeron tanto el procedimiento con el que llegó al cargo como la reforma que le dio más y más poder, ahora pretendan desconocer su responsabilidad política. La presidenta de Morena lo dijo sin rodeos, el tema del INE no es una responsabilidad de su partido.
Por su parte, la presidenta Sheinbaum fue todavía más allá al sugerir que Taddei viene de la época de Lorenzo Córdova, pues en 2014 llegó al instituto electoral de Sonora con el Consejo General que él presidía. Curioso, porque en 2023, con Córdova ya fuera, Morena avaló el procedimiento del que resultaría insaculada Taddei y celebró que por fin había un INE distinto, y sus diputados presumían que con ella se acababa la soberbia del pasado.
La filiación, al parecer, solo resulta incómoda cuando llega el escándalo. Alfonso Ramírez Cuéllar es de los pocos que lo reconocen, al decir que en Morena deberían ser los primeros avergonzados. Vanessa Romero lo dice sin ambages, Taddei es Morena. Sin repetir los antecedentes, que muchas columnas ya han narrado y que son por todos conocidos, importan algunos señalamientos normativos que así lo confirman.
En primer lugar, la regla histórica para designar a quienes integran el Consejo General fue el consenso de las distintas fuerzas políticas, con el voto de dos terceras partes de la Cámara de Diputados. No es un capricho, porque el INE organiza y vigila las elecciones y es natural que las distintas fuerzas políticas confluyan en esa importante decisión. Cuando no hay acuerdo opera la insaculación, el camino por el que Taddei llegó a la presidencia en 2023, en un proceso cuya integración fue realizada por y entre morenistas y afines al movimiento.
En segundo lugar, y dadas las diferencias entre las consejerías, resultó muy difícil reunir ocho de los once votos necesarios para designar a los titulares de las áreas de dirección del Instituto. La respuesta del legislador, en claro y franco apoyo de Taddei fue cambiar las reglas para allanarle el camino y así facilitar su toma de decisiones (sobre todo de índole administrativas) del Instituto. En octubre de 2024, mediante una reserva de último minuto de un senador de Morena, aprobada de madrugada en votación económica, la presidencia del Consejo quedó facultada para nombrar directamente a las direcciones ejecutivas y a las unidades técnicas, abandonando la regla de los 8 votos y con ello debilitando la colegialidad del órgano. Semanas después, una iniciativa de Morena buscó incluso blindar esas facultades en la Constitución, no bastaba el andamiaje legal que facilitaba el camino a Taddei para su ruinosa administración, querían además llevarlo a la Constitución.
Es en este contexto que la Cámara de Diputados tendrá la sensible e importante labor de nombrar a una nueva persona que ocupe la titularidad y también convendría que revisaran y, en el momento oportuno, revirtieran las decisiones que otorgaban un poder casi absoluto a la presidencia del Consejo en el orden administrativo, pues estamos inmersos en el proceso electoral de 2027, y por favor, ¡háganse cargo de las decisiones que tomaron en el pasado y del perfil de las personas que eligieron para ocupar los cargos!
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