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Cercada por un pasado siniestro

Hacia la pérdida del grado de inversión. Como personaje de Shakespeare perseguido por fantasmas de un presente y un pasado siniestros, la presidenta se ve cercada por los efectos de la catástrofe de un régimen del que ahora aparece a la cabeza y por tanto debe responder por sus atrocidades acumuladas. En lugar de eso, la gobernante seguro desacreditará ahora a Moody's por su decisión de un nuevo recorte, este miércoles, a la calificación crediticia de la deuda soberana de México. El deterioro fiscal sostenido nos puso a un nodo de perder el grado de inversión, con previsibles efectos desastrosos en la economía y la vida de los mexicanos.

Silencios elocuentes. También este miércoles debieron caerle a la presidenta un trío de miedo de las áreas de justicia y seguridad de Estados Unidos, un encuentro del que no se sabía nada caída la tarde. Quizás no sabremos de inmediato de aquello que (realmente) debieron haber hablado los enviados de Washington. Pero no hay lenguajes ni silencios diplomáticos que puedan ocultar el tema del viaje: las extradiciones hasta hoy solicitadas de políticos y funcionarios del régimen mexicano ligados a las organizaciones criminales. Y de las que vendrán. 

Retención con fines de silenciamiento. Como si sirviera de algo para justificar la resistencia a extraditar -para retener en México con fines también de silenciamiento- al gobernador Rocha Moya, la comunicación presidencial colocó, como ‘información’ principal, en algunos medios, una ‘noticia’ fabricada con la suma de 269 casos de procesos -pendientes o improcedentes- de extradición solicitada por México a Estados Unidos. Sí, como para decir: ¿por qué tanto escándalo por la negativa de enviar a un gobernador? Por su equipaje de información de alta gama sobre los vínculos de cárteles y poder político, sería la respuesta. Patadas de ahogado ante los de Washington.

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