Si se revisa la discusión pública de los últimos meses –la vinculación de Rocha Moya con el crimen organizado, la evolución de la economía, el escándalo de los audios de Marina del Pilar Ávila, el sistema de salud, la detención de Ernesto Ruffo, etc.— todos los temas generan un intenso debate con Claudia Sheinbaum, pues el resto de voceros de la 4T son de chiste, como Arturo Ávila cuyo único “argumento” y defensa contra cualquier crítica de cualquier tema es que García Luna está en la cárcel. Y en esos debates cada vez es más frecuente que la presidenta tenga que recurrir a eufemismos, errores deliberados o abiertamente a datos falsos para defender a su gobierno y justificar sus acciones.
Hagamos un recuento breve: cuando en diciembre pasado se descarriló el Tren Interoceánico de pasajeros, Sheinbaum se refirió a que el tren “se movió de las vías” (¿qué movimiento de un tren causa 14 muertos y la mitad de los vagones terminan en una barranca?); a principios de julio, cuando se volvió a descarrilar un tren de carga afirmó que "más que descarrilamiento, se movió de las vías... no cayeron completamente los vagones; fue un incidente" cuando las fotografías eran contundentes.
Sobre la refinería del huachicol descubierta cerca de Reynosa, dijo que "no son refinerías, son algunos centros de procesamiento”. Y al referirse a las acusaciones contra Rocha Moya y las investigaciones que hace el Departamento de Justicia de EU contra político mexicanos, las respuestas presidenciales invariablemente son que “no hay pruebas”, son puros dichos, provienen de una oficina de Nueva York, “es una nota periodística”. En mayo, cuando CNN publicó un reportaje sobre las operaciones de la CIA en México, el primer comentario de Sheinbaum fue “fíjense en el tamaño de las mentiras” antes de explicar el contenido del reportaje, lo calificó como falso, enmarcando la discusión como un problema de desinformación más que de verificación de hechos.
Cuando la CNTE tomó el centro de la Ciudad de México y durante varias semanas los comerciantes perdieron cientos de millones de pesos, Sheinbaum insistía en que “todo estaba bajo control”. Sobre el caso Ruffo, para justificar la actuación de la FGR en su respuesta sobre la situación jurídica del exgobernador, la presidenta utilizó una formulación que fue interpretada y difundida ampliamente como que Ruffo "ya estaba juzgado".
Todo lo anterior revela a una presidenta arrinconada. Cuando la realidad es inocultable y contradice el discurso y la actuación del gobierno, Sheinbaum no tiene más remedio que ocultarse en eufemismos y falsedades. Negar, minimizar, ocultar, reducir, mentir, distraer, cambiar de tema son los recursos cotidianos de las mañaneras. Su pleito con la realidad y la verdad es cada vez más evidente y también lo es que lo va perdiendo.
¿Con qué autoridad moral pretende que su gobierno sea el árbitro y el juez en el caso de la reglamentación del derecho de réplica de las audiencias? El uso de tantas falacias en sus discursos mañaneros se ha traducido en una credibilidad disminuida de la palabra presidencial y si la jefa de Estado tiene que recurrir con mayor frecuencia a distractores, mentiras y eufemismos, su autoridad moral se desmorona. La distancia entre la palabra presidencial y la realidad es inversamente proporcional a su autoridad.
Así, dos intangibles fundamentales de la política: la confianza de los ciudadanos en las instituciones y autoridades y la verdad como referente de la actuación y del discurso político desparecen. Al suceder eso, la política se convierte en locura, irracionalidad y destrucción; lo hizo AMLO desde su inicio y todo indica que Sheinbaum lo seguirá haciendo.
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