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De comentarista deportivo a líder de Chega

André Ventura pasó de la televisión deportiva a encabezar una fuerza que rompió el equilibrio de la política portuguesa. Fundó Chega en 2019 y, seis años después, el partido alcanzó 60 diputados y se convirtió en la principal oposición parlamentaria

Desde la Revolución de los Claveles de 1974, esa que derrocó al Estado Novo e instauró la democracia, Portugal no había visto una fuerza de derecha radical tan competitiva como la que impulsa André Ventura. La dictadura dejó una fuerte marca en los portugueses, misma que parece difuminarse con los años, algo que Ventura ha sabido explotar.

Antes de dedicarse de lleno a la política, André Claro Amaral Ventura, que nació el 19 de enero de 1983 en Sintra, a las afueras de Lisboa, estudió derecho en la Universidad NOVA de Lisboa, y después obtuvo un doctorado en esa disciplina, lo que le permitió trabajar como profesor universitario.

Antes de político también fue comentarista deportivo, lo que le permitió adquirir notoriedad por un estilo confrontacional y directo que más tarde trasladaría a la política. Quienes han estudiado su carrera suelen señalar que esa experiencia le permitió desarrollar una gran capacidad para dominar el debate público y construir una imagen de político dispuesto a decir lo que otros evitaban expresar.

Después de su paso por la televisión deportiva, Ventura militó en el Partido Social Demócrata (PSD) de centroderecha, del que terminó alejándose por considerar que era incapaz de responder a los problemas de seguridad, inmigración y corrupción que, a su juicio, preocupaban a los portugueses. Uno de los partidos que han gobernado Portugal durante buena parte de la democracia le dio entrada y lo postuló como candidato en 2017 a la alcaldía de Loures, un municipio del área metropolitana de Lisboa.

Durante esa campaña comenzó a llamar la atención nacional por sus declaraciones sobre la comunidad romaní (gitana), al afirmar que una parte de ella vivía "casi exclusivamente de subsidios del Estado". Esas declaraciones provocaron fuertes críticas de organizaciones civiles y de dirigentes políticos, pero también le dieron una visibilidad que hasta entonces no tenía. Desde ese momento quedó claro que Ventura estaba dispuesto a romper con el tono moderado que había caracterizado tradicionalmente a la derecha portuguesa. 

Su relación con el PSD se deterioró rápidamente. Ventura sostenía que el partido había renunciado a representar a un sector del electorado preocupado por la inmigración, la inseguridad, la corrupción y el funcionamiento del Estado. También criticaba que la dirección evitara abordar esos temas por temor a ser acusada de populismo o de adoptar posiciones demasiado duras.

Finalmente abandonó la formación y, en abril de 2019, fundó Chega ("¡Basta!"), con la intención explícita de construir una alternativa a los partidos tradicionales y ocupar un espacio político que, según él, no existía en Portugal. La semilla no tardó en germinar, y tres años después, en 2022, obtuvo el 7.2 por ciento de los votos y 12 diputados y el año pasado, en 2025, Chega alcanzó 60 diputados y se convirtió en la principal fuerza de oposición en el Parlamento portugués.

Desde entonces, Ventura ha sido el rostro indiscutible del partido. A diferencia de otras formaciones consolidadas, Chega se ha desarrollado alrededor de su liderazgo personal. Él encabeza las campañas, fija la agenda política y concentra buena parte de la comunicación pública del partido. Su estilo combina un discurso permanente contra la corrupción y las élites políticas con propuestas de endurecimiento en materia de seguridad e inmigración.

En numerosas ocasiones ha dicho que los partidos tradicionales crearon un sistema que protege a quienes ejercen el poder y abandona a los ciudadanos comunes. Tras las elecciones legislativas de 2025, en las que Chega obtuvo un resultado histórico, declaró: “Nada volverá a ser igual”, lo que resume su convicción de haber cambiado definitivamente la política portuguesa. 

Su discurso nacionalista, con una fuerte crítica de las élites políticas tradicionales y sus propuestas de mantener una línea más dura en materia de seguridad, justicia y migración han llevado a periodistas y analistas a encasillarlo en esa cada vez más utilizada definición de la extrema derecha.

El propio Ventura se ha sacudido este sello, como lo hizo en una entrevista con El País en 2019 cuando declaró sin mucho énfasis que “no me gusta la etiqueta (de ultraderechista), pero tampoco me preocupa. Lo que somos es un partido antisistema”.

Lo cierto es que su discurso se parece más a lo que el politólogo Cas Mudde define como derecha radical, esa que acepta, en términos generales, la democracia como forma de gobierno, pero rechaza aspectos del liberalismo democrático que impulsa una protección amplia de los derechos de las minorías y que impone ciertos límites constitucionales al poder de la mayoría.

Y mientras el debate sobre cómo definir a su movimiento sigue, Ventura mantiene sus posturas abiertamente populistas, algo que le ha ganado cada vez más apoyo a su partido Chega, mismo que fundó en 2019 y que promueve la defensa de la identidad nacional portuguesa, una respuesta al descontento con los partidos que han gobernado el país desde el regreso de la democracia.

Como figura pública, y gracias a su discurso, Ventura despierta pocas posiciones intermedias. Para sus simpatizantes representa a un dirigente que aborda asuntos que durante años fueron evitados por los partidos tradicionales y denuncia la corrupción de las élites políticas. Para sus críticos, su éxito se basa en una estrategia de confrontación constante y en un discurso que, en determinados temas, contribuye a polarizar la sociedad portuguesa.

En un ambiente mundial en el que la división da más frutos que la coherencia, el portugés y su movimiento avanzan, y llegarán tan lejos como quieran los electores. Un fiel reflejo de lo que se vive actualmente.

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