La elección de quien presidirá el INE comienza mucho antes de que una mano extraiga una bolita.
La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del Instituto Nacional Electoral ha planteado un escenario inédito y altamente complicado por los tiempos y las circunstancias del relevo. En pleno proceso electoral, la Cámara de Diputados deberá elegir a quien concluirá el periodo de la consejera presidenta, hasta 2032. Ella o él conducirá al árbitro durante las elecciones de 2027 y de 2030. Su perfil y sus compromisos podrían vincularse, por tanto, a los actores oficialistas con pretensiones de candidatura presidencial. ¿Cómo dejar pasar la inesperada oportunidad?
La atención se concentrará en la negociación entre Morena y sus aliados, en la posibilidad de un acuerdo con las oposiciones o, si éste fracasa, en la tómbola. Pero la primera decisión importante ocurrirá inmediatamente después de la Convocatoria. Será la integración del Comité Técnico de Evaluación.
Ese Comité tendrá en sus manos la revisión de los requisitos y la evaluación de las personas aspirantes. Deberá presentar la quinteta mejor evaluada a la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) de la Cámara de Diputados. De ella saldrá el dictamen que se someterá al pleno o, en caso de desacuerdo, se procederá a la aplicación del mecanismo constitucional de la insaculación.
La tómbola girará con cinco bolitas, una será la premiada. Pero por más que gire, no podrá corregir una quinteta integrada exclusivamente por lealtades políticas. Si el filtro de entrada está contaminado, el resultado también quedará condicionado.
De siete a cinco
Hasta 2023, el Comité Técnico de Evaluación tenía siete integrantes: tres nombrados por la JUCOPO, dos por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y dos por el INAI.
La desaparición del Instituto de Transparencia trajo consigo una consecuencia menos visible: el Comité de Evaluación quedó reducido a cinco personas. La reforma constitucional de 2024 conservó las tres designaciones de la JUCOPO y las dos de la CNDH. Desapareció así una fuente de nombramientos y aumentó el peso de las restantes.
No es indiferente quién evalúa. La Constitución pide que sean personas de reconocido prestigio. La trayectoria, el conocimiento de la materia y la independencia son importantes porque quienes se sientan a evaluar tienen el poder de abrir o cerrar el paso hacia la presidencia del INE. Es decir, son el gran filtro.
El desvanecimiento
La comparación con 2020 resulta ilustrativa. En aquel Comité participaron, entre otras personas, el constitucionalista Diego Valadés; Silvia Giorguli, entonces presidenta de El Colegio de México; Ana Laura Magaloni y José Roldán Xopa, académicos del CIDE; Blanca Heredia, reconocida investigadora en políticas públicas, y Sara Lovera, periodista con una larga trayectoria en la defensa de los derechos de las mujeres.
También formó parte John Ackerman, cuya designación por la CNDH fue controvertida e impugnada. El prestigio académico y las diferencias políticas coexistían. Pero había en el conjunto una presencia pública y una diversidad de trayectorias que daban visibilidad a la responsabilidad asumida.
En 2026, el Comité tuvo perfiles con experiencia jurisdiccional, administrativa y electoral. Sin embargo, comparado con el de 2020, se advierte una especie de desvanecimiento de aquellas trayectorias ampliamente reconocidas en la vida académica y pública.
La CNDH designó a Irma Ramírez Cruz y Miriam Rodríguez Armenta. La primera había colaborado en la Secretaría Ejecutiva del INE durante la presidencia de Taddei; la segunda tenía formación académica y experiencia en instituciones electorales locales. Sus antecedentes merecían ser conocidos y examinados, especialmente por la cercanía institucional de una de ellas con la presidencia del organismo cuya integración contribuiría a definir.
Tener un título académico no garantiza independencia. La pregunta es si quien integra el Comité puede evaluar con autonomía suficiente para seleccionar a quienes después habrán de tomar decisiones libres e informadas, incluso cuando puedan afectar a sus ex jefes y promotores.
Quién vigila al filtro
El proceso de abril pasado dejó motivos de preocupación. El Observatorio para la Integridad Electoral, OPINE, señaló plazos insuficientes, opacidad en las deliberaciones y falta de justificación pública de decisiones del Comité. También advirtió que avanzaron algunos perfiles con menor trayectoria electoral o posibles vínculos con el gobierno, mientras quedaron fuera otros con mayor experiencia. Se trata de observaciones que merecen atención al diseñar la nueva convocatoria.
No tengo muchas esperanzas en que la CNDH proponga esta vez a personas capaces de actuar con independencia de la mayoría gobernante. Ojalá sus designaciones contradigan mi desconfianza. La JUCOPO tiene también la responsabilidad de nombrar a personas de prestigio, capaces de explicar sus decisiones y resistir presiones. Antes de discutir quién encabezará el INE, miremos con cuidado a quienes elaborarán la lista. Porque una vez cerrada la quinteta, la Cámara podrá negociar o dejar que decida el azar. Pero la suerte ya habrá sido parcialmente echada por quienes escogieron los nombres que pueden ser escritos en las bolitas. Que sean las y los mejores para México y para la democracia.
Recomendar Nota
